Tú, quien desde algún ángulo me miras, aunque frecuentemente me parezca que no, permite que el camino que busco salga a mi encuentro, si él llega, que simplemente me tome del brazo y yo lo voy a ilusionar.
Cada dos minutos lo pienso y cada cuatro, lo he pensado tanto que lo extraño... Ojalá sea él, ojalá esta vez sí encuentren mis palabras un lugar donde posarse después de volar y volar.
Tú sabes cuánto puedo darle, envíame a tu hijo predilecto y sabré cubrirlo de bondades, yo espero...
